CHAD
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Boletín Misiones Javelianos
Nº 401 Diciembre 2003


EMMANUEL, LONA KA U AYGIYA

Nuestras calles ya están engalanadas o iluminadas, se oyen los villancicos y todos comienzan los preparativos para la gran cena o comida, sin olvidar, claro está, el turrón ni muchas otras cosas más que llenarán nuestras mesas en navidad.
Pero esto que vivimos y a lo que esta mos acostumbrados cada año no se vive por igual en todo el mundo. Celebramos el acercamiento de Dios a nosotros y el misterio de cómo Dios se hizo uno más entre los hombres. Esto sí que lo celebran todos los cristianos del mundo entero allí donde se encuentren. Se alegran al saber que Dios se ha instalado con su tienda en medio de nosotros.
Gunu-Gaya
Allí en Gunu-Gaya, Chad, la Navidad suele coincidir cada año con el momento en el que se celebra la fiesta de la cose cha y se da gracias a Dios por los frutos y la vida que El nos ha dado. Creo que es una coincidencia que puede dar sentido también a nuestra fiesta. En el Chad se vive prácticamente de la agricultura, y parece mentira cómo en un país tan árido y seco, donde la temperatura durante varios meses no baja de 30 grados y pue de llegar a los 45, en el que durante 8 me ses no se ve ni una gota de agua y parece que no hay vida ninguna, como cuan do en mayo o junio llegan las primeras lluvias la esperanza renace y la vida re surge de no se sabe donde. Muchos repiten: Dios no se olvida de nosotros, Dios existe y lo vemos en esta lluvia que nos envía para que cultivemos la tierra. A esta alegría primera le sigue el trabajo duro y agotador bajo un sol de justicia para arrancar a la tierra el fruto necesa rio para vivir durante todo el año. Las ho ras y los días no son nunca suficientes para hacer todo el trabajo y poco a poco las semillas van germinando, creciendo hasta convertirse en espigas que serán cortadas cuando estén listas para la cose cha. Y el cansancio, el trabajo y el sufri miento se transforman en alegría cuando se preparan los canastos y se afilan los cuchillos para ir a cosechar.
En estos pueblos, con una cultura mi lenaria, nada se puede hacer cuando y como se quiera, a menudo hay ritos que se remontan a la noche de los tiempos que indican lo que se debe hacer y cómo se debe hacer.
Los museys
Para los museys la gran fiesta tradi cional es la fiesta del vun tilla, literal mente la boca de la luna o la luna nueva. Es como el año nuevo donde se celebra la vida nueva, se da gracias a Dios por la co secha que El nos ha dado y se hace fies ta. Pero esta fiesta no se improvisa; du rante la luna que precede al vun tilla se comienzan los preparativos de la fiesta. Se anuncia que en ese mes de prepara ción no se puede ser violento, ni agresivo con nadie para no romper la armonía que caracteriza a este mes y para no pertur bar la paz. Cuando la luna nueva del vun tilla sale en el horizonte todo el mundo grita de alegría y la paz se convierte en un griterío general descontrolado, es el modo de decir que hemos llegado al año nuevo. Se empiezan a preparar los ali mentos de la fiesta que harán que ese día sea un día que no se olvide con facilidad. Al día siguiente es la alegría en todos los pueblos: los jóvenes hacen carreras a ca ballo para mostrar su destreza, las jóve nes se acicalan para enseñar sus encan tos de juventud, se canta, se baila, se va de una casa a otra a desear feliz fiesta y a compartir un poco de cerveza de mijo o un poco de comida hecha con el nuevo mijo que se acaba de cosechar. Todos los mayores llenan un canasto de mijo y van con él a casa del sacerdote tradicional, un anciano que sigue perpetuando la tradi ción de sus antepasados para que la tie rra dé sus frutos y para que Dios sea pro picio con su gente. A él le ofrecen el mijo para darle gracias por su intercesión, para dar gracias a Dios por ser generoso con ellos, y para pedirle la bendición de Dios para el año nuevo. Es la fiesta de la vida.
Los cristianos han seguido celebrando esta fiesta tradicional tan importante dándole un sentido desde su fe en Jesús. Se canta, se baila, se invita a comer o a beber el fruto de la nueva cosecha y se da gracias a Dios por la vida y todo lo que Él nos da. Durante la misa de acción de gracias cada uno trae a la parroquia parte de lo que ha cosechado, según su generosi dad, para dar gracias a Dios por lo bueno que El ha estado y por el fruto que ha dado la tierra. Ese mijo será como los cin co panes que se transformarán en comi da, durante todo el año, para los catequistas y todos los que hacen un trabajo en la comunidad para el bien de sus her manos.
Navidad
La Navidad en Chad la celebramos en este contexto y toma también mucho sen tido desde aquí. Jesús es el nuevo vun tilla, la nueva vida que Dios nos ha dado y no nos podía dar más. Jesús es el mijo nuevo, la vida nueva, que da vida y es peranza al mundo. Nos recuerda que Dios no se ha olvidado de nosotros, sino que la tierra, a pesar de todo, sigue sien do fértil y sigue dando sus frutos para que todos tengan lo necesario para vivir. Dios no podía ser más generoso con no sotros, nos ha dado todo lo que tenía y ha querido montar su tienda entre nosotros. Lona ka a aygiya, Dios está con nosotros, y eso da sentido a nuestras vidas, a nues tras luchas, a nuestros sufrimientos, a nuestro esfuerzo por hacer un mundo más habitable donde todos podamos vivir bien. Es este Lona ka a aygiya que nos empuja a comprometernos, a trabajar y luchar por los demás, a darle un sentido a la vida que a veces parece que no lo tiene. No nos dejemos cegar por las luces ni la parafernalia que rodea nuestra Navi dad. Dios nos da a su hijo, fruto nuevo de la tierra, ¿y tú qué le vas a dar en acción de gracias?
Ángel De la Victoria s. x.

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© Parroquias: El Dulce Nombre de Jesús. La Guancha y San José. San Juan de la Rambla. Tenerife (Canarias). 2003