PUNTO DE ENCUENTRO
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Revista
Nº l7 Diciembre 2003


En busca del ideal perdido

Anda la gente como loca buscando modelos a los que seguir y se encuentra, sobre todo el sector joven de la mencionada gente, totalmente desorientada.
Ocurre que la sociedad se ha materializado de tal forma que nos da la impresión de que se ha vuelto a la época bíblica del becerro de oro. Todo gira en torno al dinero. No vale el que más sabe, sino el que más tiene. Importa más tener que ser.
Así nos encontramos con gente famosa que alcanza tal calificativo fundamentándose en la admiración que levanta el hecho de que gane un montón de dinero en poco tiempo y, si es posible, sin hacer gran cosa.
Valga el ejemplo para entendernos: los jugadores del Real Madrid, equipo de fútbol del poder en boga, sea éste del signo que sea, son llamados los galácticos. Este sobrenombre se lo han ganado por el dinero que cobra cada uno de los que integran el grupo de los privilegiados que alcanzan la cifra de tres millones de pesetas al día. Son individuos que cada noche, al acostarse, cuentan con tres millones de pesetas más en su particular patrimonio. Son individuos que si en el desarrollo de lo que tendría que ser su trabajo ordinario hacen algo destacado son alabados y puestos en la picota informativa. Como si, con lo que ganan, no tuvieran la obligación de hacer maravillas.
De ahí que estos individuos se hayan convertido en el modelo a seguir por todos; jóvenes y mayores. Los primeros porque pretender alcanzar la fama, es decir el dinero, de los tales individuos. Los segundos, los mayores, porque ven en sus hijos la millonaria solución al futuro de la familia. Impulsan a la prole hacia metas utópicas que muy pocos pueden lograr. Tienen claro para sí, y lo inculcan a los que tienen que educar, que la meta es ganar mucho en el menor tiempo posible. Aunque para ello se tengan que machacar los principios básicos de la ética y de la moral.
Y quien dice de los futbolistas, ejemplo facilón que encontramos a mano, dice de otras profesiones artísticas o seudo sociales que están ahora mismo muy al uso. Paradigmas hoy en primer plano son las "operaciones triunfo", por una parte, y el deleznable y sucio concurso de los grandes hermanos; que uno no sabe porque han llegado a degradar de tal forma el noble significado de la palabra hermano.
La sociedad, sobre todo los responsables de la formación de los niños y jóvenes, no han caído en la cuenta de que conviene aterrizar en la realidad. La vida es algo muy diferente a lo que nos enseñan en los medios con futbolistas galácticos, triunfadores en operación que habría que analizar con lupa y hermanos cainitas. La vida cotidiana está plagada de dificultades que debemos afrontar en cada momento y que no tienen solución con el dinero, por mucho éste sea.
A pesar de la influencia, muchas veces nefasta, de los medios de comunicación las personas sensatas que aún quedan en este confuso planeta deben armarse para que, con la fuerza de la razón, sean capaces de mostrar a los más débiles del entramado social que la vida es algo diferente a lo que nos muestran. Algo que hay que construir con esfuerzo cada día para que evitemos tanta frustración en la persecución de la riqueza que sólo está al alcance de unos pocos que no son, necesariamente, los mejores.
Cualquier persona del común de los mortales puede valer más, mucho más, que un galáctico, un triunfito o un deprimente y falso gran hermano.
El ideal a conseguir está más allá de los modernos becerros de oro. El ideal, la meta se la debe marcar cada persona en base a cosas nobles, a causas solidarias, alejadas de la corruptible materia. Tenemos que hacer ejercicios diarios para fortalecer nuestros principios éticos y morales.
José Antonio González Dávila. Periodista

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© Parroquias: El Dulce Nombre de Jesús. La Guancha y San José. San Juan de la Rambla. Tenerife (Canarias). 2003