| Anda la gente como loca buscando modelos
a los que seguir y se encuentra, sobre todo el sector joven
de la mencionada gente, totalmente desorientada.
Ocurre que la sociedad se ha materializado de tal forma que
nos da la impresión de que se ha vuelto a la época
bíblica del becerro de oro. Todo gira en torno al dinero.
No vale el que más sabe, sino el que más tiene.
Importa más tener que ser.
Así nos encontramos con gente famosa que alcanza tal
calificativo fundamentándose en la admiración
que levanta el hecho de que gane un montón de dinero
en poco tiempo y, si es posible, sin hacer gran cosa.
Valga el ejemplo para entendernos: los jugadores del Real
Madrid, equipo de fútbol del poder en boga, sea éste
del signo que sea, son llamados los galácticos. Este
sobrenombre se lo han ganado por el dinero que cobra cada
uno de los que integran el grupo de los privilegiados que
alcanzan la cifra de tres millones de pesetas al día.
Son individuos que cada noche, al acostarse, cuentan con tres
millones de pesetas más en su particular patrimonio.
Son individuos que si en el desarrollo de lo que tendría
que ser su trabajo ordinario hacen algo destacado son alabados
y puestos en la picota informativa. Como si, con lo que ganan,
no tuvieran la obligación de hacer maravillas.
De ahí que estos individuos se hayan convertido en
el modelo a seguir por todos; jóvenes y mayores. Los
primeros porque pretender alcanzar la fama, es decir el dinero,
de los tales individuos. Los segundos, los mayores, porque
ven en sus hijos la millonaria solución al futuro de
la familia. Impulsan a la prole hacia metas utópicas
que muy pocos pueden lograr. Tienen claro para sí,
y lo inculcan a los que tienen que educar, que la meta es
ganar mucho en el menor tiempo posible. Aunque para ello se
tengan que machacar los principios básicos de la ética
y de la moral.
Y quien dice de los futbolistas, ejemplo facilón que
encontramos a mano, dice de otras profesiones artísticas
o seudo sociales que están ahora mismo muy al uso.
Paradigmas hoy en primer plano son las "operaciones triunfo",
por una parte, y el deleznable y sucio concurso de los grandes
hermanos; que uno no sabe porque han llegado a degradar de
tal forma el noble significado de la palabra hermano.
La sociedad, sobre todo los responsables de la formación
de los niños y jóvenes, no han caído
en la cuenta de que conviene aterrizar en la realidad. La
vida es algo muy diferente a lo que nos enseñan en
los medios con futbolistas galácticos, triunfadores
en operación que habría que analizar con lupa
y hermanos cainitas. La vida cotidiana está plagada
de dificultades que debemos afrontar en cada momento y que
no tienen solución con el dinero, por mucho éste
sea.
A pesar de la influencia, muchas veces nefasta, de los medios
de comunicación las personas sensatas que aún
quedan en este confuso planeta deben armarse para que, con
la fuerza de la razón, sean capaces de mostrar a los
más débiles del entramado social que la vida
es algo diferente a lo que nos muestran. Algo que hay que
construir con esfuerzo cada día para que evitemos tanta
frustración en la persecución de la riqueza
que sólo está al alcance de unos pocos que no
son, necesariamente, los mejores.
Cualquier persona del común de los mortales puede valer
más, mucho más, que un galáctico, un
triunfito o un deprimente y falso gran hermano.
El ideal a conseguir está más allá de
los modernos becerros de oro. El ideal, la meta se la debe
marcar cada persona en base a cosas nobles, a causas solidarias,
alejadas de la corruptible materia. Tenemos que hacer ejercicios
diarios para fortalecer nuestros principios éticos
y morales.
José
Antonio González Dávila. Periodista
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