OPINIÓN

Punto de Encuentro. Junio 2005.

VOLUNTARIOS PARA DAR LA VIDA

A la hora de hacer la reflexión sobre el voluntariado, me vienen a la mente las palabras de Jesús: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. (Jn. 15, 13)

Creo que el voluntariado, desde el punto de vista cristiano, ha de tener en cuenta esta experiencia de Jesús: dar la vida. Y dar la vida supone no esperar nada a cambio. Sino que sea la misma entrega (dar) lo que llene de sentido nuestras vidas. El voluntario no es el que va a dar parte de su tiempo, porque lo tiene libre, y no sabe qué hacer. Es voluntario porque entiende que la vida, las cualidades, los dones que ha recibido, son para ponerlos al servicio de los demás.

Voluntarios sin compensaciones.

Buscar compensaciones en la vida siendo voluntarios puede tener su raíz en que huimos de realidades personales o familiares que no hemos terminado de encajar y aceptar en la vida, y buscamos otros espacios y lugares para “olvidarnos” de lo nuestro y estar cerca de otros que necesitan vida; pero no terminamos de asumir la nuestra. Acercarnos a vidas desestructuradas sin antes haber estructurado la nuestra es un peligro que puede hacer mucho daño. Ejercer el voluntariado no debe ser un “caparazón” que nos ponemos para tapar o disimular nuestras limitaciones. La madurez es importante para que nuestra entrega sea verdaderamente humana y edifique la vida de aquellos que tienen fraccionada su historia personal. De lo contrario, el voluntariado no sería “dar la vida” sino “emplear” el tiempo para olvidarnos de nuestra vida personal.

Voluntariado y cruz

Por otro lado, el voluntariado, además de tener su lado de vida, tiene su lado de cruz. En ocasiones nos encontramos con sorpresas desagradables como voluntarios: rechazo e incomprensión por parte de aquellos a los que les llevamos vida,... De esto tiene experiencia el mismo que

“El voluntario es
el que va a dar
parte de su tiempo
porque entiende que
sus cualidades,
los dones que ha
recibido, son para po
nerlos al servicio de
los demás”

nos ha dicho que la vida es para darla: Jesús de Nazaret. Por eso, cuando nos planteamos ser voluntarios, hemos de tomar conciencia de que la recompensa, lo gratificante, es la misma entrega personal, salir de nosotros mismos para llenarnos de lo que realmente nos hace felices: dar la vida. Y la vida se da también desde la misma cruz: permanecer en medio del rechazo cuando no entienden que estás haciendo el bien.

Actitudes del voluntario

Para vivir la entrega de manera desinteresada y permanecer en ella, el voluntario ha de cuidar una serie de actitudes que me parecen fundamentales:

Vivir desde la vida oculta, sin protagonismo, sin llamar la atención. Como levadura en medio de la masa. No va a cubrir unas lagunas personales. Menos aún no va a crear conflictos, sino que ayuda a los otros a dar unidad a vidas fraccionadas.

Reconoce que en la medida en que se entrega, no tanto en horas, sino en calidad, va descubriendo que vale la pena dar la vida por los demás.

Descubre en los otros, con los cuales comparte su vida, a personas que le llenan de vida y da sentido a su vida. Tiene siempre como referencia a Jesús de Nazaret. Dedica tiempo a conocer y a profundizar en su vida, en cómo dio él la vida por los demás.

Si no se tienen en cuenta estas actitudes, fácilmente nos desanimamos cuando experimentamos que no se nos ha agradecido el tiempo que dedicamos a los demás. Lo importante es permanecer, porque realmente lo que nos da vida, lo que da sentido a la vida, y nos debe llenar de ilusión, es ser “voluntarios para dar la vida”. Y para permanecer es necesario permanecer junto a aquel que permaneció hasta la cruz, de manera voluntaria, dando la vida por nosotros: Jesús.

Cuando he escrito esta reflexión me he acordado de personas que son voluntarias, o lo han sido y ya están gozando de la Vida de Dios, y que realmente son y han sido testimonios a la hora de dar la vida. Hombres y mujeres que, desde su sencillez y cariño, expresan lo que significa para ellos “dar la vida”. Para ellos mi estima y admiración

Juan Carlos Medina Medina
Delegado Diocesano de pastoral de juventud
Diócesis de Canarias

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© Parroquias: El Dulce Nombre de Jesús. La Guancha y San José. San Juan de la Rambla. Tenerife (Canarias). 2003