PUNTO DE ENCUENTRO
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Revista
Nº l6 Septiembre


El negocio del ocio

Con frecuencia se oye aquello de que estamos inmersos en la sociedad del ocio; es decir, que se tiende a disminuir el tiempo dedicado al trabajo para aumentar el que se invierte en diversión u ocupación reposada en otras tareas que gusten a la persona que disfrute del dicho ocio.
Ocurre que, como en muchas cosas que tienen que ver con la actividad social, surgen los espabilados dispuestos a sacar tajada de todo lo que se impone como moda o aparece en forma de utilización masiva.
Así podemos observar como abundan cada vez más los negocios estructurados para ofrecer al ciudadano ocioso actividades que le permitan ocupar su tiempo libre. Negocios que llenan los bolsillos de los que montan un tinglado para pensar por nosotros, mostrándonos atractivas propuestas de diversión.
Hacen con los adultos lo mismo que han llegado a hacer con los niños. Si nos paramos a pensar, podemos comprobar que se ha anulado la capacidad de inventiva y creatividad del niño con los modernos juguetes; hasta el extremo, en muchos casos, de que los niños se entretienen más con la caja que contiene el juguete, que con el propio objeto que le han regalado.
Todo vale con tal de ganar dinero; es el criterio de unos pocos que cada vez tienen más. Y nosotros quedándonos en una actitud pasiva, como embobados por la sutil y sibilina droga del consumismo.
El ocio bien entendido tendría que ser el que cumpliera los criterios de la definición que podemos encontrar en cualquier diccionario mediano; es decir, una "diversión u ocupación reposada, especialmente en obras de ingenio, por descanso de otras tareas". O mejor esta otra definición: "Obras de ingenio que uno forma en los ratos libres de preocupaciones principales".
Teniendo en cuenta lo dicho, el ocio y el negocio entran en contradicción. Paradójicamente, en la sociedad actual entran en sociedad, van de la mano. Algunos han visto en el ocio la mejor manera de sacar tajada económica, premisa básica del negocio. Con todo esto, uno tiene la impresión de que estamos perdiendo la personalidad propia y de que nos estamos convirtiendo en un número anónimo en medio de una masa social manipulada.
El tema es una propuesta de reflexión que dejamos caer por si el lector se identifica con lo propuesto o por si quiere debatir, en discrepancia, sobre el mismo. La revista está abierta; por algo es "Punto de encuentro"
José Antonio González Dávila. Periodista

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© Parroquias: El Dulce Nombre de Jesús. La Guancha y San José. San Juan de la Rambla. Tenerife (Canarias). 2003