CUARESMA 2004
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Movimiento Siervos de los Pobres del Tercer Mundo

MENSAJE DEL PADRE GIOVANNI

Dios es Espíritu, y los que le adoran deben adorar en espíritu y verdad” (Jn 4,24)

Cuando entramos en el tiempo de Cuaresma, lo primero que se nos viene a la mente es que se trata de un tiempo de sacrificio, un tiempo en el que los viernes no se puede comer carne, y en el que hay algunos días, como el Miércoles de Ceniza o el Viernes Santos que son de ayuno y de abstinencia de carne. Dentro de este clima centramos nuestro progreso espiritual en nuestra fuerza de voluntad y asumimos una serie de compromisos que espe ramos cumplir, aunque a veces lo logramos y a veces no. Sin embargo, no nos damos cuenta de que nuestra conversión y nuestro progreso espiritual no dependen ni de nuestra fuerza de voluntad, ni de todos los sacrificios que po damos ofrecer a Dios durante este tiempo de salvación llamado Cuaresma.

Muchos de nosotros queremos añadir sacrificios, penitencias, etc., a nuestra vida espiritual, y esto está bien; pero primero debemos analizar sí tenemos esta vida espiritual, es decir, si dejamos que el espíritu Santo nos vivifique y si permitimos que actúe en nosotros.

Además, debemos tener presente que muchas veces no hay mejor sa crificio ni ofrenda más agradable a Dios que hacer bien lo que hacemos o que debemos hacer. Por ejemplo, ¿de qué sirve que un padre de familia haga penitencias corporales si después está de mal humor y no cumple con sus hijos? Sería mejor que se abstenga de penitencias corporales, pero que cumpliera con el compromiso concreto de amor paterno que tiene con sus hi jos, pues sólo haciendo esto gozosamente ofrecería un sacrificio agradable a Dios, fruto de la moción del Espíritu Santo que vive en él. Obviamente, el ideal sería que supiera hacer esto y, al mismo tiempo, no dejar de hacer aquello.

Ahora nos preguntamos: ¿si la conversión y el progreso espiritual no se basan en hacer un esfuerzo de voluntad para vivir mejor nuestra vida cristiana, en qué se basan entonces? San Pablo nos responde de la siguien te forma: «Continúo mi carrera por sí consigo alcanzarlo [a Cristo], ha biendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús» (Fil 3,12). Esto quiere decir que el camino que hemos de seguir, el camino de la conversión y de progreso espiritual cristiano, es inverso al que normalmente tomamos: no está en lo que yo voy a hacer para acercarme a Dios, sino en lo que Díos está haciendo en mí para acercarme a Él. Los primeros cristianos, en este tiempo de Cuaresma, centraban toda su vida espiritual en los Sacramentos porque sabían que sin el auxilio divino serían incapaces de ofrecer algo grato a los ojos de Dios.

Por ello, todo lo que podamos hacer en esta Cuaresma cae en saco roto si no es consecuencia de la vida divina que actúa en nosotros. En otras palabras, la Cuaresma, más que un tiempo de ascética, es un tiempo de intimidad con Dios, de vivir más cerca de Jesús para enamorarnos cada ve más de Él, porque nos sentimos amados por Él: «En esto consiste el amor no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo» (1 Jn 4, 10).

Los Sacramentos son los canales por los cuales Dios nos está cons­ tantemente comunicando la vida que hay en Él, llamada gracia; y única mente cuando esta savia divina fluye en nosotros y nos mantiene unidos a Dios,

Trinidad Santísima (Pa dre, Hijo y Espíritu Santo), todo lo que hagamos (incluso el ayuno y cualquier otra penitencia) ad quiere un valor divino y cobra su sentido original.

Si la Cuaresma fuera sólo un tiempo para probar nuestra fuerza de voluntad, lo único que lograríamos sería afirmarnos a nosotros mismos, lo cual nos lle varía a nada. En efecto, es Cristo quien debe afirmarse en nosotros, cimentados y apoyados en Dios: «Con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gal 2, 19b - 20). Es imposible que, conociendo al Señor Jesús, no se le ame; y, amán dote, no se le sirva. Aprovechemos esta Cuaresma para vivir más intensa mente en la fe los Sacramentos, que continuarán a nuestro lado en los de más tiempos Litúrgicos y que reproducen en nosotros la vida de Cristo, sobre todo su Muerte y Resurrección.

Dejemos que Cristo ponga en nosotros el gran amor que le movió a entregarse en la cruz, a ser misionero del Amor de Dios. Hay mucha gen te aquí en el Cuzco y en toda la alta Cordillera que, no teniendo quien les celebre los Sacramentos, no pueden gozar en abundancia de las grandes ri quezas espirituales que Cristo ha confiado a su Iglesia y no pueden dar a Dios aquel culto sublime que Cristo renueva sobre el altar cada vez que allí se ofrece el Sacrificio de la Santa Misa. Vista puede ser tu oportunidad para entregarte del todo al Señor y acudir en ayuda a tantos hermanos des amparados.

Recemos juntos para que en esta Cuaresma el Señor mueva corazo nes que se entreguen a la misión entre los más pobres, sus predilectos. Pi damos al Señor para que cualquier ayuda que estos corazones generosos quieran dar a los pobres sea consecuencia de que el Espíritu Santo les está moviendo a ser cada vez más suyos, convirtiéndose en verdaderos misione ros. Recemos juntos para que en su corazón no haya ningún recoveco al que no llegue la acción del Espíritu Santo, quien nos ofrece al Padre con Cristo como víctima de suave fragancia.

Les deseo a todos una Cuaresma llena de Dios y una feliz Pascua de Resurrección que fortalezca su fe y su alegría en el seguimiento de Cristo, el Señor, “ Dios bendito por los siglos” (Rom 9,5)
Padre Govanni Salerno, s.p.t.m.

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© Parroquias: El Dulce Nombre de Jesús. La Guancha y San José. San Juan de la Rambla. Tenerife (Canarias). 2003