| Con mucho sacrificio hemos conseguido montar, en uno de los barrios pobres de Balsas, una panadería comunitaria. La iniciativa parece acertada para beneficiar a muchas familias que pasan hambre. La celebración de la inauguración fue muy bonita. Reflexionamos juntos sobre la mística del pan.
La memoria registrada de la vida de Jesús está marca da por el pan y por la falta de pan. Por ejemplo, en la curación de la hija de Jairo, la niña es invitada por Jesús a ponerse en pie y, para que tenga fuerzas, Él reco mienda a la comunidad que le dé comida (cfr. Mt 5, 35- 43). Mantenerse en pie, con dignidad, requiere estar bien alimentado. En la multiplicación de los panes, «al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas sin pastor» (Mi 9,36). «Era ya una hora muy avanzada cuando se le acercaron sus discípulos y le dijeron: el lugar está deshabitado y ya es hora avanzada; despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos del contorno a comprarse de comer. Él les contestó: "Dadles vosotros de comer"» (Mc 6,35-37).
La lógica de los discípulos es la lógica del mercado: comprar. La lógica de Jesús es otra: sentir compasión, transformar la compasión en solidaridad concreta y organizada, utilizar los recursos existentes, agradecer a Dios, dar a todos de comer compartiendo lo que se tiene, evitar el despilfarro.
Nosotros, seguidores de Jesús, tenemos que pensar a partir de esta lógica. No podemos dejarnos llevar por la absolutización del mercado, que excluye a quien no tiene dinero para comprar y desconoce el derecho humano a una alimentación adecuada. En Brasil, hay 46 millones de personas que sufren hambre y más de 80 millones no disponen de las. calorías necesarias para una vida digna y saludable.
En el mundo se calcula que todos los días mueren de hambre 24.000 personas. No podemos dejarnos seducir por la acumulación de cosas innecesarias para la vida. El lucro es un virus, y es preciso eliminarlo como se ha ce en los ordenadores. El virus se extiende gracias a la convicción difundida de que riqueza es sinónimo de fe licidad. Los ricos quieren tener cada vez más y los pobres recurren a las loterías para volverse ricos. Por culpa de este virus, se acumula la miseria en el mundo y se perturba la paz social. Por culpa de este virus hay una creciente degradación del medio ambiente y se desarrolla la manipulación genética de los alimentos.
A nuestras comunidades cristianas les gusta contar una poco parábola que aquí me permito reproducir. Había una familia compuesta por el padre, la madre y doce hermanos. Cierto día, Francisquita, la más pequeña de la casa, celebraba su cumpleaños. Entonces la madre, aprovechando que estaba en casa y que tenía una hora libre, preparó un enorme y sabroso pastel de cumpleaños y lo colocó en un armario. Después tuvo que salir de casa. A esa misma hora, llegaron a casa dos de los doce hijos y, atraídos por el buen olor, descubrieron dónde había de jado la madre el pastel. No resistieron la tentación y, poco a poco, se lo comieron. Después dejaron en el ar mario el plato con las migajas. Por la noche, cuando la familia se reunió con algunos vecinos para celebrar el cumpleaños de Francisquita, la madre fue a buscar el pastel y solamente encontró migajas. La fiesta terminó con una profunda decepción y tristeza.
La moraleja de la parábola es clara y evidente. Las personas de nuestras comunidades no tienen dificultades para comparar aquella madre con el propio Dios, que preparó el "pastel de la creación". Dios proporcionó con generosidad bienes y medios para que todos puedan vivir con dignidad. Pero alguien quiso apropiarse de todo, dejando a los demás las migajas.
Es indispensable que se produzca la conversión de quien está apegado hasta el alma a los bienes materiales, para que pueda comprender el valor del desprendimiento y del compartir. Decía uno de nuestros animadores comunitarios con respecto al programa del Gobierno brasileño Hambre Cero: «Para tener hambre cero, es preciso tener egoísmo cero y amor mil».
Debemos redescubrir la fuerza transformadora de la Eucaristía en la que, compartiendo el Pan de la Vida, aprendamos a compartir el pan material y a donar la vida para que no haya más necesitados y hambrientos.
Mons. Franco Masserdotti |