Diócesis de Tenerife
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En la Iglesia todos somos
corresponsables

S. Escribano Sánchez

Hablar de la Iglesia y de los laicos, es hablar de mi familia, de mis hermanos por lo que desde mi pequeña experiencia, tengo el atrevimiento de escribir. Concretarlo en la vocación laical es pensar en la vocación cristiana personal, y a la vez comunitaria, con una espiritualidad que trata de integrar la fe con la vida en todas sus dimensiones.
Como vocación personal respeta la singularidad, pero nos capacita y nos reta a buscar constantemente respuestas para las necesidades de nuestro tiempo, a la vez que nos invita a tener como referencia a la comunidad de hermanos que comparten la misma llamada.
LA VOCACIÓN CRISTIANA, con mayúsculas, surge de un deseo constante de encontrar y seguir a Jesús, de una relación orgullosa de mi familia la Iglesia personal y profunda, y de la experiencia de sentirse pecador, pero al mismo tiempo amado, perdonado, elegido y enviado por Cristo, como ocurre en todos y cada uno de los miembros de la Iglesia fundada y encabezada por ÉL.
Miembros de la misma familia.
Como miembro integrante de esta gran familia, respeto, admiro y quiero a los “padres”, o lo que es lo mismo a los pastores – obispos y presbíteros- en todos sus ministerios de servicio; y también a los religiosos y religiosas porque con su compromiso de por vida, su entrega y sus renuncias son un sacramento de la fidelidad de Dios, y van por delante apostando en serio por el mensaje de Jesús.
Pero también creo que los hijos – hermanos, en este caso los laicos, y siempre desde dentro de la “casa”, tenemos que participar en la vida de la Iglesia renovando, impulsando, dialogando y quizás “empujando”, cuando en ella el peso de la tradición, que es necesario y obligado, se pueda convertir un poco en lastre. Porque en todas las familias los hijos ayudan a rejuvenecer y miran al futuro, mientras que los padres se encargan de preservar los valores fundamentales, y en este equilibrio también andamos nosotros.
Todos corresponsables
Igual ocurre con el inmenso número de hermanos laicos a los que nos une lo esencial en la vida: la persona de Jesús, la misma familia y una misión común. Nos separan pequeños matices, y a veces, como con el resto de los hombres, el pecado que nos convierte en seres miopes y no nos deja ver más allá de nosotros mismos y nuestros círculos más pequeños, haciendo “corros” en una Iglesia que es universal.
Me siento más cerca de aquellos con los que he convivido y más se parecen a mí, como ocurre en todas las familias, y hasta tengo que reconocer y confesar que a veces me encuentro un poco extraña con otros por desconocimiento. Pero todos estos recelos se disuelven cuando trabajo con ello en cualquier tarea conjunta que nos haya sido encomendada y compartimos los sacramento en el banquete común.
Nuestra responsabilidad como seglares nos lleva a estar e incidir en el mundo, dando testimonio con nuestras actitudes, palabras y acciones. A causa de la diversidad de dones del Espíritu, de las múltiples necesidades de los hombres y mujeres de hoy, y de nuestra propia pluralidad, debemos tener presencia activa en todos los ámbitos de la sociedad, sin olvidar el compromiso socio-político que nace de la fe.
Una tarea apasionante
Estamos llamados a denunciar y trabajar en las situaciones de pobreza y marginación, atajando sus causas estructurales, pero también es necesario dar respuestas inmediatas ante necesidades urgentes. Debemos vivir nuestra misión en el trabajo y en el estudio, pero también tenemos que colaborar con el voluntariado y potenciar los fondos de solidaridad, promover la vida familiar, como espacio preferente de crecimiento y transmisión de la fe, acompañar a los jóvenes, etc. Los campos son numerosos, las formas y modos también son múltiples, y ahí es donde podemos ir poniendo rostro y reconociendo los distintos movimientos, organizaciones y carismas del a Iglesia y desde donde la pluralidad permite responder. El estilo de vida es único: el que nace del Evangelio de Jesús.
Doy gracias a Dios por mi vocación laical dentro de la Iglesia que el seguimiento de Jesús me compromete en la sociedad con los valores humanos y evangélicos esenciales, y también agradezco su diversidad, que acogen las distintas llamadas, sin los cuales faltaría la riqueza que existe en esta mi gran familia, pensada y querida así por Él.

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© Parroquias: El Dulce Nombre de Jesús. La Guancha y San José. San Juan de la Rambla. Tenerife (Canarias). 2003