| Escrito del párroco para programa de 2009
¿Qué sabemos de San José?
Fiestas 2009
Estimados feligreses Más de una vez me han oído que celebrar las fiestas patronales de San José en Septiembre cuando todo vuelve a la realidad cotidiana después del merecido descanso del verano es una bendición de Dios para nuestra parroquia. ¡Comenzar las tareas ordinarias con San José! Aquel que en su vida humana y espiritual es modelo para todos los estados de vida. Aquel que vivió a la luz y en presencia del misterio de la Encarnación. Aquel en el que no hubo separación entre fe y acción. Aquel que tuvo su vida ajustada a la Palabra de Dios.
Qué bien nos hace tener esto presente en nuestra vida familiar, social, de trabajo. Su ejemplo nos impulsa a entender que es abandonándose totalmente a la voluntad de Dios como nos convertimos en cumplidores eficaces del designio de Dios.
Les propongo desde este programa de actos para las fiestas 2009 los siguientes puntos de reflexión que podrían ser un buen programa de vida para el curso que comienza.
Todos los años se nos dice que la figura de San José, extraordinaria, queda un tanto ensombrecida por el esplendor de su esposa, que tenemos pocos datos sobre él, que no se recogen palabras suyas, que ni siquiera sabemos el tiempo que duró su vida.
Sin embargo:
No sabemos mucho de José, pero sabemos que era buena persona.
No sabemos mucho de José, pero sabemos que era buen carpintero.
Un artesano estimado y querido en Nazaret.
No sabemos mucho de José, pero sabemos que era prudente y humilde.
No sabemos mucho de José, pero sabemos que estaba enamorado de María. Aquí sí que podemos decir que el amor no fue ciego, porque ninguna mujer merecía como ella ser amada.
No sabemos mucho de José, pero sabemos que no era capaz de hacer daño a nadie, y menos a su novia.
No sabemos mucho de José, pero sabemos que fue un padre maravilloso, responsable, trabajador y protector.
Tampoco sabemos cuándo y cómo murió José, pero sabemos que murió en los brazos de María y de Jesús. Todos envidiamos una muerte semejante. No es extraño que sea el Patrono de la buena muerte.
Felicito entrañablemente a las personas que este año 2009 se han responsabilizado de la organización de las fiestas. Colaboraremos con ellas a través de la aportación económica, el trabajo personal e invito a todos los vecinos, niños, jóvenes y personas mayores a participar en sus actos religiosos y profanos
Sebastián García Martín
Párroco
Escrito del párroco para programa de 2008
San José, hombre del silencio
2008
Estimados feligreses:
Los días pasan deprisa y también los meses. Acabado el verano, otra vez llega Septiembre y con él nuestras fiestas patronales. La celebración de las fiestas de los santos son siempre un motivo de gozo y un estímulo. Para nuestra parroquia de San José en concreto son un don que Dios nos concede de tener durante unos días la mirada puesta en aquel que fue el padre nutricio de su Hijo y el esposo de la Virgen María. José puede ser para nosotros un ejemplo.
¡Cuántos años llevarnos algunos de nosotros contemplando la figura de San José!
¡Cuántas cosas nos gustaría saber de San José! Porque nos gustaría saber más cosas de él, pero siempre encontramos que José guarda silencio. Siempre se nos dice que José es el hombre del silencio. Quisiéramos estudiar sus palabras, pero tenernos que leer sus silencios. Quisiéramos descubrir sus razones y criterios, pero José guarda silencio. Siempre se nos contesta: Pero "José tiene mucho que contarnos". Entonces. ¿por qué ese silencio en su vida?
"José era una persona respetuosa y humilde. Guardó silencio para no herir, guardó silencio para no envanecerse, guardó silencio para respetar. guardó silencio para adorar, guardó silencio para amar. Guardó silencio porque le tocó vivir junto al misterio, desde que se topó con María hasta que tuvo en sus brazos y a su lado a Jesús. Guardó silencio porque vivió junto a la palabra.".
¿Qué puede decir quien vive junto ala Palabra? Todo lo que dijera sonaría a hueco. La misión de José fue escuchar y proteger la Palabra. ¿Qué puede hacer quien vive junto a la Palabra sino abrirse del todo, vaciarse del todo, para llenarse del todo? José era como una esponja y se empapaba de Jesús, y también del eco de Jesús, que era María.
Sin embargo el que aprendía de la Palabra enseñó las letras a la Palabra. Enseñó a Jesús a leer y a escribir. No sólo fue el protector del Mesías, sino su educador. Era tarea del padre, más que de la madre. Le enseñó a leer, le enseñó a trabajar, le enseñó también a rezar. Enseña al hijo los salmos, los ritos, las posturas orantes, pero, sobre todo, las actitudes: alabanza y agradecimiento, humildad y respeto, confianza y amor; y cuando reces, hijo, no digas muchas palabras ni te pongas delante de la gente para que te vean, tú repite mucho en tu corazón: Padre y Pastor.
Que estos días nunca falte en todos nosotros la súplica: Enséñanos también a nosotros, querido José, a escuchar y a rezar. Enséñanos a hacer silencio en el corazón. Un silencio atento, meditativo y contemplativo.
Gracias a la Comisión de Fiestas 2008 por los esfuerzos en la elaboración del programa. Correspondamos a su esplendor con nuestra participación tanto en los actos religiosos como profanos.
Sebastián García Martín
Párroco
Escrito del párroco para programa de 2007
El valor del trabajo
2007
Estimados feligreses:
Llega Septiembre y con él las Fiestas Patronales de tradición centenaria en honor de San José en nuestra parroquia. Serán unos días intensos de celebración. Los muchos esfuerzos y trabajos, que durante todo el año ha hecho la Comisión , culminan en unos actos religiosos y profanos.
José destaca por ser «auténtico heredero de la fe de Abraham» y por su grandeza que se desarrolló en la humildad y en lo escondido de la casa de Nazaret.
Este año quisiera que nos fijáramos en la relación de San José con el trabajo. Porque el trabajo ocupa la mayor parte de nuestro tiempo. Trabajo no es exclusivamente la ocupación profesional en sentido estricto. Trabajo es cualquier otra actividad productiva en sentido amplio, que, por lo general, requiere un cierto esfuerzo por parte de quien la realiza.
El esfuerzo: he aquí la dificultad. Dificultad añadida al trabajo como consecuencia del pecado. Ganarás el pan con el sudor de tu frente , advirtió Dios en nuestros Primeros Padres en el Paraíso Terrenal, después de la desobediencia. El trabajo, desde entonces, es en cierto sentido una pena, un castigo a la rebeldía humana. Ahora trabajar cuesta. Cualquier actividad –hasta la más pequeña- que emprende el hombre en beneficio propio le supone esfuerzo.
De modo espontáneo el trabajo no se realiza con gusto y constancia. Es preciso casi siempre un empeño por mantener la decisión del orden, de la puntualidad, del cuidado del detalle... Todo lo que vale es trabajoso, decimos. Se trata, en todo caso, de un esfuerzo, de un sacrificio, de una renuncia incluso –si queremos llamarlo así–, aunque sea llevadera.
Sin embargo, el hombre trabajaba antes de pecar. Como dice el libro del Génesis, tomó, pues, Yahveh Dios al hombre y le dejó en al jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase. Sólo después del pecado sintió el hombre la dificultad del esfuerzo. El trabajo de la tierra no sería en adelante una tarea confortable: espinas y abrojos te producirá , aseguró Dios a Adán. Lo cual, en modo alguno privó al trabajo de su grandeza original, por la que el hombre había sido constituido Señor de la naturaleza: llenad la tierra y sometedla , dijo Dios al hombre haciéndolo señor de toda la creación terrena. El trabajo aparece, pues, como un designio y don de Dios a los hombres. Es colaboración con la obra creadora de Dios. Es participación en la maravilla de la creación.
Dios quiso darnos una lección de sencillez y humildad sometiendo a la ley del trabajo a José, a su Hijo y a María Santísima.
José entregó al Hijo de Dios encarnado lo mejor de sí mismo, incluyendo el trabajo que llenaba su vida y sustentaba a la Familia que quiso Dios para nacer, crecer y alcanzar su madurez entre los hombres. Por eso Nuestro Señor que era conocido como artesano: el hijo del artesano . Y nos lo imaginamos durante muchos años, cuando comenzó su vida pública, según nos cuenta san Lucas, en el taller de su padre, José, y más tarde posiblemente al frente del mismo. Jesús pasó la mayor parte de sus días sobre la tierra trabajando, como todos los hombres y mujeres de bien.
Por eso el trabajo es una ocasión de configurar nuestra existencia según el querer divino, de amar a Dios agradecidamente y del más pleno desarrollo personal: aquel querido desde el principio por nuestro Creador.
Aprovechemos las fiestas para pedir por intercesión de San José, que no exigió ningún privilegio, que descubramos el sentido del trabajo de cada día.
Sebastián García Martín
Párroco
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