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Escrito del párroco para programa de 2007

El valor del trabajo
2007

Estimados feligreses:

Llega Septiembre y con él las Fiestas Patronales de tradición centenaria en honor de San José en nuestra parroquia. Serán unos días intensos de celebración. Los muchos esfuerzos y trabajos, que durante todo el año ha hecho la Comisión , culminan en unos actos religiosos y profanos.

José destaca por ser «auténtico heredero de la fe de Abraham» y por su grandeza que se desarrolló en la humildad y en lo escondido de la casa de Nazaret.

Este año quisiera que nos fijáramos en la relación de San José con el trabajo. Porque el trabajo ocupa la mayor parte de nuestro tiempo. Trabajo no es exclusivamente la ocupación profesional en sentido estricto. Trabajo es cualquier otra actividad productiva en sentido amplio, que, por lo general, requiere un cierto esfuerzo por parte de quien la realiza.

El esfuerzo: he aquí la dificultad. Dificultad añadida al trabajo como consecuencia del pecado. Ganarás el pan con el sudor de tu frente , advirtió Dios en nuestros Primeros Padres en el Paraíso Terrenal, después de la desobediencia. El trabajo, desde entonces, es en cierto sentido una pena, un castigo a la rebeldía humana. Ahora trabajar cuesta. Cualquier actividad –hasta la más pequeña- que emprende el hombre en beneficio propio le supone esfuerzo.

De modo espontáneo el trabajo no se realiza con gusto y constancia. Es preciso casi siempre un empeño por mantener la decisión del orden, de la puntualidad, del cuidado del detalle... Todo lo que vale es trabajoso, decimos. Se trata, en todo caso, de un esfuerzo, de un sacrificio, de una renuncia incluso –si queremos llamarlo así–, aunque sea llevadera.

Sin embargo, el hombre trabajaba antes de pecar. Como dice el libro del Génesis, tomó, pues, Yahveh Dios al hombre y le dejó en al jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase. Sólo después del pecado sintió el hombre la dificultad del esfuerzo. El trabajo de la tierra no sería en adelante una tarea confortable: espinas y abrojos te producirá , aseguró Dios a Adán. Lo cual, en modo alguno privó al trabajo de su grandeza original, por la que el hombre había sido constituido Señor de la naturaleza: llenad la tierra y sometedla , dijo Dios al hombre haciéndolo señor de toda la creación terrena. El trabajo aparece, pues, como un designio y don de Dios a los hombres. Es colaboración con la obra creadora de Dios. Es participación en la maravilla de la creación.

Dios quiso darnos una lección de sencillez y humildad sometiendo a la ley del trabajo a José, a su Hijo y a María Santísima.

José entregó al Hijo de Dios encarnado lo mejor de sí mismo, incluyendo el trabajo que llenaba su vida y sustentaba a la Familia que quiso Dios para nacer, crecer y alcanzar su madurez entre los hombres. Por eso Nuestro Señor que era conocido como artesano: el hijo del artesano . Y nos lo imaginamos durante muchos años, cuando comenzó su vida pública, según nos cuenta san Lucas, en el taller de su padre, José, y más tarde posiblemente al frente del mismo. Jesús pasó la mayor parte de sus días sobre la tierra trabajando, como todos los hombres y mujeres de bien.

Por eso el trabajo es una ocasión de configurar nuestra existencia según el querer divino, de amar a Dios agradecidamente y del más pleno desarrollo personal: aquel querido desde el principio por nuestro Creador.

Aprovechemos las fiestas para pedir por intercesión de San José, que no exigió ningún privilegio, que descubramos el sentido del trabajo de cada día.

Sebastián García Martín
Párroco

 

 

Escrito del párroco para programa de 2006

José, hombre bueno
2006

Estimados feligreses:

Por tradición centenaria y con profunda alegría celebramos en nuestra parroquia durante el mes de Septiembre las Fiestas Patronales y el Patrocinio de San José.

En todas partes existen instituciones fundadas bajo la protección de San José: iglesias, colegios, diócesis, universidades, hospitales, y un largo etcétera, donde grupos formados por hombres y mujeres se acogen a su cuidado paternal. Nuestra parroquia sabe también de este patrocino y se honra de celebrar sus fiestas, que expresan su carácter: religioso, laborioso, acogedor, alegre y generoso.

Quisiera este año que todos valoráramos y estimáramos eso que a él le definía: La bondad.

En nuestro modo de hablar hay dos expresiones que a veces utilizamos, ambas elogiosas de un hombre pero diversamente elogiosas. Podemos decir de un hombre que es un “buen hombre” , y podemos decir que es “un hombre bueno”. En el primer caso, parece como si nos quedáramos a medio camino del elogio. En cambio, cuando de alguien afirmamos que es o fue “un hombre bueno” lo hacemos acentuando el peso y la fuerza tanto del sustantivo “hombre” como del adjetivo “bueno”. Lo decimos con admiración, con respeto, probablemente con agradecimiento. Podría decirse que no hay elogio mayor y más contundente.

Cuántas veces hemos escuchado en nuestras fiestas patronales que los Evangelios nos dicen poco sobre San José. Pero nos dan de él esta definición: “Era un hombre bueno”. Con eso nos basta. Por eso como “hombre bueno” es ejemplo para todos nosotros, es patrón de la Iglesia. La Liturgia canta: “El servidor fiel y prudente que pusiste al frente de tu familia, para que haciendo las veces de padre, cuidara a tu único Hijo”.

Cuántas veces también hemos escuchado lo que decía Santa Teresa de Jesús que no había cosa que hubiera pedido por intercesión de San José que no le hubiera sido concedida. Por eso os invito este año a pedir a Dios, nuestro Padre, algo a ejemplo y por intercesión de San José. Es muy posible que todos, para mejorar nuestra vida cristiana, lo que más necesitemos sea esto que parece tan sencillo y es al mismo tiempo tan importante: la bondad en nuestra relación con los demás. Aprender a ser hombres buenos, mujeres buenas, es seguramente lo que mejor responde a la voluntad de Dios.

Deseo vivamente que, bajo la protección del Santo Patriarca, celebremos estas fiestas de 2006 con alegría y con paz.

Sebastián García Martín

Párroco


Escrito del párroco para programa de 2005

SAN JOSÉ, CUSTODIO DE LA EUCARISTÍA
AÑO 2005

Estimados feligreses:

El recuerdo y la celebración de las fiestas de los Santos son siempre para nosotros un motivo de gozo y un estímulo. Ellos supieron ser fieles a llamada de Dios. Y nosotros también estamos llamados e invitados a vivir con fidelidad nuestra vida.

En el mes de Septiembre, cuando después de las vacaciones todo vuelve a la normalidad, nuestra parroquia de San José nos invita a celebrar las Fiestas Patronales en honor de San José, el mayor de los santos después de María.

Nuestra curiosidad quisiera saber muchos detalles de su vida pero queda bastante decepcionada. La vida del carpintero de Nazaret no sobresale ni destaca por su espectacularidad sino por su acogida y fidelidad.

Creo que en este año de 2005, dedicado a la Eucaristía, nos podríamos fijar en esos dos aspectos de la figura de San José que pueden iluminar nuestra propia vida eucarística.

José ante el misterio de Dios presente en María se sorprende. La manifestación Dios siempre sorprende. Conoce que Dios le llama a ser el esposo de María y el custodio de Jesús y acepta el riesgo que siempre supone la fe con un corazón sencillo, abierto, disponible.

Su fe se tradujo en fidelidad. Cumple la misión sin ruidos. Habla el lenguaje que mejor conoce: El lenguaje de los hechos. Siempre al lado de Jesús y de María con sentimientos de asombro y de gratitud. A San José le podríamos calificar como “Custodio de la Eucaristía”. Así lo afirma la liturgia: “Confiaste los primeros misterios de la salvación a la fiel custodia de San José”. Él acoge a Jesús presente en seno de María, él asiste a la adoración de los pastores y de los magos, él le lleva a Egipto y lo trae, él le enseña a rezar, él le busca, él contempla su crecimiento, él acepta con agrado su trabajo en el taller de Nazaret.

La Iglesia imita a José cuando suscita en los fieles los sentimientos de asombro y gratitud ante el misterio de la Eucaristía. “Este asombro ha de inundar siempre a la Iglesia, reunida en la celebración eucarística”, decía el Santo Padre Juan Pablo II en su Encíclica (n. 5). En el pan y vino consagrados se hace presente el Señor mismo. Él en persona. Vivo. Resucitado. Dios y hombre. Nuestro mejor amigo. Nuestro Salvador.

Estamos invitados como San José a creer y a adorar. A reconocer y bendecir, a confesar y a postrarnos. Asombrados, estremecidos. Agradecidos y gozosos. Que las fiesteas de este año nos ayuden a crear actitudes de adoración, de agradecimiento, de estima hacia Cristo presente en la Eucaristía.

Párroco

Sebastián García Martín


Escrito del párroco para programa de 2004

CUANDO TODO COMIENZA
2004

No sabemos de quien sería la feliz ocurrencia de celebrar las fiestas patronales de nuestra parroquia en honor a San José en el mes de Septiembre. Mes en el que, después del merecido descanso del verano, todo comienza: Se regresa al pueblo, se vuelve al trabajo, se vuelve a la escuela, se preparan los campos para la siembra, se reanudan las diversas actividades pastorales de la parroquia. Los niños llenan de nuevo el templo: La catequesis del despertar religioso, la catequesis de la iniciación a los sacramentos, la preparación para la Confirmación … Todo comienza de nuevo. Pareciera como si se emprendiera un nuevo camino, aún siendo nosotros los mismos.

Por eso al celebrar a San José en el mes de Septiembre, me viene a la mente la oración de la Misa : “Oh Dios, que confiaste a San José los principios de la redención”. Cómo recobra esta oración en nuestra parroquia todo su bello sentido. Emprendemos el camino, nuestros trabajos, nuestro año pastoral, bajo la mirada y cuidado de San José, al que el Papa Pío XI tuvo la grandiosa idea de poner bajo su patrocinio a la Iglesia.

Qué bien nos viene recordar, cuando todo comienza, la vivencia de Santa Teresa que escribía: " No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo... No he conocido persona que de veras le sea devota que no la vea mas aprovechada en virtud, porque aprovecha en gran manera a las almas que a El se encomiendan... Sólo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no le creyere y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devoción..."

Celebrar a San José en el mes de Septiembre, cuando todo comienza, es para nosotros una invitación:

 

  • A imitar su fe: Él creyó contra toda esperanza, dócil y abierto a Dios, respetuoso de sus planes. Nuestras vidas están en Dios. La obra que comenzamos es de Dios. Lo debemos hacer todo con ilusión.
  • A ser fieles como él a nuestra vocación, a la misión que Dios nos ha encomendado a cada uno: Todos tenemos una misión a cumplir, en nuestro pueblo y en nuestra iglesia. Todos somos corresponsales.
  • A empezarlo todo desde la sencillez. José fue un joven y luego un hombre del pueblo, obrero, que se vio de repente envuelto en los planes de Dios. José, sin discursos ni milagros, sin ser nombrado persona importante, desde su vida diaria y sencilla, supo ser fiel a Dios, creyó en él y cumplió con fidelidad la misión que se le encomendaba.
  • A permanecer fieles a pesar del dolor y las dificultades como José, que supo de emigración y de persecución, de pobreza y malentendidos.

Les felicito a todos por tener como protector y patrono a San José, esposo de la Santísima Virgen María y padre nutricio del Hijo de Dios y les invito a participar en los actos que en su honor se organizan en estas fiestas de 2004.

El Párroco
Sebastián García Martín


Escrito del párroco para programa de 2003

PÓRTICO, 2003
INVITACIÓN PÁRROCO

Cuando ya los rigores del verano van disminuyendo, nuestra parroquia de San José de San Juan de la Rambla hace un alto para celebrar por tradición centenaria a San José, fiesta entrañable para nosotros vecinos de los barrios altos del municipio.
Somos invitados a participar en la pr0cesión vespertina del domingo y en la solemne Eucaristía del segundo lunes del mes de septiembre. Con estos actos somos llamados, llenos de fe, a reconocer en José al esposo de la Virgen María y al padre nutricio de Jesús, el Mesías, que murió por todos nosotros en la Cruz y resucitó de la muerte para abrir un camino de vida y de salvación.

Vale la pena que estos días valoremos uno de los aspectos del que tanto se ha hablado como es el silencio de San José. Porque su silencio no fue un silencio resignado. Ni un silencio de persona que actúa por detrás sin dar la cara. El de José es un silencio activo. Por eso se presta incluso a burlas, porque da la cara. Es un silencio que permite que el protagonista de la historia sea Dios a través de su Hijo. Es el silencio que permite escuchar. Escuchar la palabra del Otro y las palabras de los otros. Es el silencio acogedor que intenta entender y comprender lo que los demás expresan. Es como el silencio del padre bueno que espera convencido de que el hijo puede volver. Es como el silencio de Jesús ante los acusadores de la adúltera, que espera convencido de que ellos mismos se darán cuenta del disparate que están cometiendo. Es como el silencio del mismo Jesús ante Pilato, que lo pone en evidencia. Es el silencio de Dios, que no es ausencia de palabra sino que es Palabra encarnada, acción pura, acción libre de parafernalia, acción eficaz.

El silencio de José nos puede llevar a buscar la necesaria comunicación que tanto necesitamos en nuestro pueblo. Para ser verdaderamente hombres y mujeres, humanos, necesitamos la comunicación. Necesitamos salir de nosotros mismos, de nuestras posiciones, de nuestros rencores. La palabra es vital. Pero la palabra no es " yo hablo y tú callas". Tampoco es igual a parloteo. Vivimos en un mundo cargado de palabras pero no siempre de comunicación.

La forma de comunicación de Dios pasa por la encarnación de la Palabra. Es acción. Es diálogo, Es perdón. Dios salió a buscar al hombre haciéndose en todo semejante a él menos en el pecado. Porque las fiestas favorecen la comunicación son una bendición. Permiten el encuentro de unos y otros por encima de las divisiones. Además a través de la alegría y el entusiasmo, la euforia y el gozo hace presente nuestro futuro: Esperamos todos, los de lejos y los de cerca, como convivir con Dios. Esperamos la vida que San José ahora posee junto a Dios. Así lo deseamos para todos.


Sebastián García Martín. Párroco


PROGRAMA DE ACTOS RELIGIOSOS

 

Domingo, 9 de Septiembre

12 de la mañana: Santa Misa, cantada por el coro "La Familia" de Los Realejos.

8 de la tarde: Rezo del Santo Rosario y procesión por el recorrido de costumbre, acompañada por la Banda de Música "XIX de Marzo" de San José.

Lunes, 10 de Septiembre

12 de la mañana: Santa Misa concelebra y procesión.

Saludo de la comisión


En Septiembre cuando los calores de Agosto nos han dejado con amor a la sombra y al fresco de la tarde, nos animamos porque ya empiezan las Fiestas y buscando los olores pasados y las ganas de divertirse nos preparamos para ella.
Pero todos los años sabemos que contamos con unas gentes amnegadas que nos preparan "el terreno" nos enramas las calles y visten la plaza para que disfrutemos y agasajemos a nuestro patrono San José.

Así que este año esta comisión hará lo imposible por que así sea y que pasen unas inolvidables fiestas.
De esta manera esta comisión agradece a todas las entidades, empresas privadas y en especial a todos los vecinos de este pueblo que de manera desinteresada han puesto su granito de arena para el lucimiento de estas fiestas y en especial a todos los visitantes que se acerquen a nosotros en estos días de bondad y alegría, que podrán comprobar que aún perdura el carácter sencillo y hospitalario de estas gentes de San José.

La Comisión


LAS FIESTAS DE SAN JOSE IMPRESIONES DEL AYER Y DEL HOY

Faltaría a la verdad

si aportara otro argumento,

porque La Fiesta ha avanzado

En que la vida ha cambiado

todos estamos de acuerdo;

mas, puede existir nostalgia

de aquellos pasados tiempo.

El sabor a ventorrillo

con carne asada de cerdo

y la típica parranda

con habitual instrumento.

Grandes Voces perpetuaban

ecos del folclore nuestro.

En vísperas de La Fiesta

poníamos gran empeño

en que el trabajo del campo

estuviera todo hecho;

la cosecha ya encerrada,

las papas en el granero;

finalizada la parva

y la paja en el pajero.

El "petromax" de la plaza

era el emblema festero.

Jóvenes ilusionadas

estrenaban traje nuevo.

Las verbenas presagiaban

algún quimérico sueño.

Y, ¿cuántas insinuaciones

tuvieron feliz arreglo

Y ¿cuántas al Santo rezaron

precisamente " por eso”?

Que San José: nos bendiga,

otra vez le pediremos.


Felipe Juan González García

© Parroquias: El Dulce Nombre de Jesús. La Guancha y San José. San Juan de la Rambla. Tenerife (Canarias). 2003