Escrito del párroco para programa de 2006
José, hombre bueno
2006
Estimados feligreses:
Por tradición centenaria y con profunda alegría celebramos en nuestra parroquia durante el mes de Septiembre las Fiestas Patronales y el Patrocinio de San José.
En todas partes existen instituciones fundadas bajo la protección de San José: iglesias, colegios, diócesis, universidades, hospitales, y un largo etcétera, donde grupos formados por hombres y mujeres se acogen a su cuidado paternal. Nuestra parroquia sabe también de este patrocino y se honra de celebrar sus fiestas, que expresan su carácter: religioso, laborioso, acogedor, alegre y generoso.
Quisiera este año que todos valoráramos y estimáramos eso que a él le definía: La bondad.
En nuestro modo de hablar hay dos expresiones que a veces utilizamos, ambas elogiosas de un hombre pero diversamente elogiosas. Podemos decir de un hombre que es un “buen hombre” , y podemos decir que es “un hombre bueno”. En el primer caso, parece como si nos quedáramos a medio camino del elogio. En cambio, cuando de alguien afirmamos que es o fue “un hombre bueno” lo hacemos acentuando el peso y la fuerza tanto del sustantivo “hombre” como del adjetivo “bueno”. Lo decimos con admiración, con respeto, probablemente con agradecimiento. Podría decirse que no hay elogio mayor y más contundente.
Cuántas veces hemos escuchado en nuestras fiestas patronales que los Evangelios nos dicen poco sobre San José. Pero nos dan de él esta definición: “Era un hombre bueno”. Con eso nos basta. Por eso como “hombre bueno” es ejemplo para todos nosotros, es patrón de la Iglesia. La Liturgia canta: “El servidor fiel y prudente que pusiste al frente de tu familia, para que haciendo las veces de padre, cuidara a tu único Hijo”.
Cuántas veces también hemos escuchado lo que decía Santa Teresa de Jesús que no había cosa que hubiera pedido por intercesión de San José que no le hubiera sido concedida. Por eso os invito este año a pedir a Dios, nuestro Padre, algo a ejemplo y por intercesión de San José. Es muy posible que todos, para mejorar nuestra vida cristiana, lo que más necesitemos sea esto que parece tan sencillo y es al mismo tiempo tan importante: la bondad en nuestra relación con los demás. Aprender a ser hombres buenos, mujeres buenas, es seguramente lo que mejor responde a la voluntad de Dios.
Deseo vivamente que, bajo la protección del Santo Patriarca, celebremos estas fiestas de 2006 con alegría y con paz.
Sebastián García Martín
Párroco
Escrito del párroco para programa de 2005
SAN JOSÉ, CUSTODIO DE LA EUCARISTÍA
AÑO 2005
Estimados feligreses:
El recuerdo y la celebración de las fiestas de los Santos son siempre para nosotros un motivo de gozo y un estímulo. Ellos supieron ser fieles a llamada de Dios. Y nosotros también estamos llamados e invitados a vivir con fidelidad nuestra vida.
En el mes de Septiembre, cuando después de las vacaciones todo vuelve a la normalidad, nuestra parroquia de San José nos invita a celebrar las Fiestas Patronales en honor de San José, el mayor de los santos después de María.
Nuestra curiosidad quisiera saber muchos detalles de su vida pero queda bastante decepcionada. La vida del carpintero de Nazaret no sobresale ni destaca por su espectacularidad sino por su acogida y fidelidad.
Creo que en este año de 2005, dedicado a la Eucaristía, nos podríamos fijar en esos dos aspectos de la figura de San José que pueden iluminar nuestra propia vida eucarística.
José ante el misterio de Dios presente en María se sorprende. La manifestación Dios siempre sorprende. Conoce que Dios le llama a ser el esposo de María y el custodio de Jesús y acepta el riesgo que siempre supone la fe con un corazón sencillo, abierto, disponible.
Su fe se tradujo en fidelidad. Cumple la misión sin ruidos. Habla el lenguaje que mejor conoce: El lenguaje de los hechos. Siempre al lado de Jesús y de María con sentimientos de asombro y de gratitud. A San José le podríamos calificar como “Custodio de la Eucaristía”. Así lo afirma la liturgia: “Confiaste los primeros misterios de la salvación a la fiel custodia de San José”. Él acoge a Jesús presente en seno de María, él asiste a la adoración de los pastores y de los magos, él le lleva a Egipto y lo trae, él le enseña a rezar, él le busca, él contempla su crecimiento, él acepta con agrado su trabajo en el taller de Nazaret.
La Iglesia imita a José cuando suscita en los fieles los sentimientos de asombro y gratitud ante el misterio de la Eucaristía. “Este asombro ha de inundar siempre a la Iglesia, reunida en la celebración eucarística”, decía el Santo Padre Juan Pablo II en su Encíclica (n. 5). En el pan y vino consagrados se hace presente el Señor mismo. Él en persona. Vivo. Resucitado. Dios y hombre. Nuestro mejor amigo. Nuestro Salvador.
Estamos invitados como San José a creer y a adorar. A reconocer y bendecir, a confesar y a postrarnos. Asombrados, estremecidos. Agradecidos y gozosos. Que las fiesteas de este año nos ayuden a crear actitudes de adoración, de agradecimiento, de estima hacia Cristo presente en la Eucaristía.
Párroco
Sebastián García Martín
Escrito del párroco para programa de 2004
CUANDO TODO COMIENZA
2004
No sabemos de quien sería la feliz ocurrencia de celebrar las fiestas patronales de nuestra parroquia en honor a San José en el mes de Septiembre. Mes en el que, después del merecido descanso del verano, todo comienza: Se regresa al pueblo, se vuelve al trabajo, se vuelve a la escuela, se preparan los campos para la siembra, se reanudan las diversas actividades pastorales de la parroquia. Los niños llenan de nuevo el templo: La catequesis del despertar religioso, la catequesis de la iniciación a los sacramentos, la preparación para la Confirmación … Todo comienza de nuevo. Pareciera como si se emprendiera un nuevo camino, aún siendo nosotros los mismos.
Por eso al celebrar a San José en el mes de Septiembre, me viene a la mente la oración de la Misa : “Oh Dios, que confiaste a San José los principios de la redención”. Cómo recobra esta oración en nuestra parroquia todo su bello sentido. Emprendemos el camino, nuestros trabajos, nuestro año pastoral, bajo la mirada y cuidado de San José, al que el Papa Pío XI tuvo la grandiosa idea de poner bajo su patrocinio a la Iglesia.
Qué bien nos viene recordar, cuando todo comienza, la vivencia de Santa Teresa que escribía: " No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo... No he conocido persona que de veras le sea devota que no la vea mas aprovechada en virtud, porque aprovecha en gran manera a las almas que a El se encomiendan... Sólo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no le creyere y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devoción..."
Celebrar a San José en el mes de Septiembre, cuando todo comienza, es para nosotros una invitación:
- A imitar su fe: Él creyó contra toda esperanza, dócil y abierto a Dios, respetuoso de sus planes. Nuestras vidas están en Dios. La obra que comenzamos es de Dios. Lo debemos hacer todo con ilusión.
- A ser fieles como él a nuestra vocación, a la misión que Dios nos ha encomendado a cada uno: Todos tenemos una misión a cumplir, en nuestro pueblo y en nuestra iglesia. Todos somos corresponsales.
- A empezarlo todo desde la sencillez. José fue un joven y luego un hombre del pueblo, obrero, que se vio de repente envuelto en los planes de Dios. José, sin discursos ni milagros, sin ser nombrado persona importante, desde su vida diaria y sencilla, supo ser fiel a Dios, creyó en él y cumplió con fidelidad la misión que se le encomendaba.
- A permanecer fieles a pesar del dolor y las dificultades como José, que supo de emigración y de persecución, de pobreza y malentendidos.
Les felicito a todos por tener como protector y patrono a San José, esposo de la Santísima Virgen María y padre nutricio del Hijo de Dios y les invito a participar en los actos que en su honor se organizan en estas fiestas de 2004.
El Párroco
Sebastián García Martín
Escrito del párroco para programa de 2003
PÓRTICO, 2003
INVITACIÓN PÁRROCO
Cuando ya los rigores del verano van disminuyendo,
nuestra parroquia de San José de San Juan de la Rambla
hace un alto para celebrar por tradición centenaria
a San José, fiesta entrañable para nosotros
vecinos de los barrios altos del municipio.
Somos invitados a participar en la pr0cesión vespertina
del domingo y en la solemne Eucaristía del segundo
lunes del mes de septiembre. Con estos actos somos llamados,
llenos de fe, a reconocer en José al esposo de la Virgen
María y al padre nutricio de Jesús, el Mesías,
que murió por todos nosotros en la Cruz y resucitó
de la muerte para abrir un camino de vida y de salvación.
Vale la pena que estos días valoremos
uno de los aspectos del que tanto se ha hablado como es el
silencio de San José. Porque su silencio no fue un
silencio resignado. Ni un silencio de persona que actúa
por detrás sin dar la cara. El de José es un
silencio activo. Por eso se presta incluso a burlas, porque
da la cara. Es un silencio que permite que el protagonista
de la historia sea Dios a través de su Hijo. Es el
silencio que permite escuchar. Escuchar la palabra del Otro
y las palabras de los otros. Es el silencio acogedor que intenta
entender y comprender lo que los demás expresan. Es
como el silencio del padre bueno que espera convencido de
que el hijo puede volver. Es como el silencio de Jesús
ante los acusadores de la adúltera, que espera convencido
de que ellos mismos se darán cuenta del disparate que
están cometiendo. Es como el silencio del mismo Jesús
ante Pilato, que lo pone en evidencia. Es el silencio de Dios,
que no es ausencia de palabra sino que es Palabra encarnada,
acción pura, acción libre de parafernalia, acción
eficaz.
El silencio de José nos puede llevar
a buscar la necesaria comunicación que tanto necesitamos
en nuestro pueblo. Para ser verdaderamente hombres y mujeres,
humanos, necesitamos la comunicación. Necesitamos salir
de nosotros mismos, de nuestras posiciones, de nuestros rencores.
La palabra es vital. Pero la palabra no es " yo hablo
y tú callas". Tampoco es igual a parloteo. Vivimos
en un mundo cargado de palabras pero no siempre de comunicación.
La forma de comunicación de Dios pasa
por la encarnación de la Palabra. Es acción.
Es diálogo, Es perdón. Dios salió a buscar
al hombre haciéndose en todo semejante a él
menos en el pecado. Porque las fiestas favorecen la comunicación
son una bendición. Permiten el encuentro de unos y
otros por encima de las divisiones. Además a través
de la alegría y el entusiasmo, la euforia y el gozo
hace presente nuestro futuro: Esperamos todos, los de lejos
y los de cerca, como convivir con Dios. Esperamos la vida
que San José ahora posee junto a Dios. Así lo
deseamos para todos.
Sebastián García Martín. Párroco
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