Palabras del párroco en el programa de las fiestas de 2009
San Felipe, el santo de la alegría
Estimados feligreses
¿Qué nos dice San Felipe Neri, el santo de la alegría? ¿Cuál era la meta de su vida? ¿Cuál era la razón de su entrega? ¿Por qué amaba tanto? Quisiera este año de 2009 que todos los que nos acercamos a su ermita en nuestro barrio de La Vera reflexionáramos sobre el fundamento de su alegría.
Mirad, Felipe Neri tenía claro que había sido creado para el Cielo y hacia el Cielo orientó toda su vida. Justamente porque tenía claro que estaba destinado al Paraíso, al lugar de la infinita felicidad, llevaba dentro, como el más grande anhelo, el de ser feliz, de vivir el gozo íntimo y la verdadera paz. Las cosas de la tierra nunca pudieron llenar su alma que sólo puede ser nutrida por cosas espirituales, por bienes celestes.
Sería ilusión querer saciar la sed con una sola gota de agua, que apenas encontrada ya se evapora. El hombre sediento, si fuese solamente detrás de gotas, moriría pronto de sed. Cuantas veces, desgraciadamente, nos engañamos buscando saciar la sed del Cielo , del Infinito, de lo Eterno, con gotas, minúsculos fragmentos de alegrías y placeres terrenos, que no logran nunca apagar el alma humana. Ellas se evaporan en el momento mismo en que son consumidas. Entonces, continuamos la demente carrera de los sentidos detrás de las miles de gotitas, que siempre anuncian una felicidad y que siempre se evaporan como la gota. Así el hombre, en vez de beber en la Fuente de agua viva, de dejarse amar por Dios, corre detrás de las gotas, engañándose y encerrándose en un círculo vicioso, como un perro que se muerde continuamente la cola.
Nosotros cristianos no podemos pretender encontrar el Cielo, la verdadera alegría, la paz profunda, la libertad del espíritu... en las cosas de acá abajo. No podemos pensar en la vida eterna como algo que se iniciará solamente después de nuestra muerte. Quien entiende así la vida eterna, es lógico que tratará de vivir en función de las cosas de acá abajo, dejando al más allá las cosas de arriba.
Jesús nos ha prometido claramente que la vida eterna, el Reino de Dio se inicia ya aquí desde el momento de nuestro primer encuentro con Él: "el reino de Dios no llega llamando la atención, y nadie dirá: Aquí está, o allá está. ¡Porque el reino de Dios está en medio a vosotros!" (Lc 17, 21).
Todo lo que es terrenal, recibido de los hombres o del mundo, no es eterno. Solo el buen Dios, que es Eterno, sabe darnos dones eternos, pero para recibirlos es necesario tener una verdadera fe en Él, como la tuvieron los santos, que pudieron proclamar con la vida: "la roca de mi corazón es Dios, es Dios mi suerte para siempre" (Sal 73, 26). Para seguir al Señor se dejaron a sí mismos, dejaron sus pequeños y grandes egoísmos, superando la fascinación de las cosas terrenas por la incomparable fascinación de las cosas del Cielo, bastante superiores a las de la tierra.
San Felipe Neri puso su suerte en las manos de Dios y nunca se arrepintió, habiendo creído que es el Señor que guía todos los eventos, hermosos o feos de la vida, hasta hacerse Él mismo: ¡su suerte para siempre! Buscó primero el reino de Dios y su justicia y todo el resto le fue dado por añadidura, según la promesa del Señor (cfr. Mt 6, 33), que tomó a la letra y que, literalmente, se realizó.
Así fue la fe de San Felipe: se tomó en serio cada palabra de Jesús y gustó de su realización. Se ocupó solamente de amar a Dios y en Dios a toda criatura, su corazón saboreó las cosas del Cielo justamente como prometió Jesús: "quien bebe del agua que yo le daré, no tendrá nunca más sed, es más, el agua que yo le daré se convertirá en una fuente que salta para la vida eterna" (Jn 4, 14).
A cada uno de nosotros se nos presenta cotidianamente la opción: volar hacia el cielo o arrastrarnos por la tierra.
Participemos en las fiestas teniendo en cuenta como si San Felipe viniera del Cielo para mostrarnos donde está nuestra verdadera Patria y para que nosotros nos contagiemos de su alegría.
Sebastián García Martín
Párroco
Palabras del párroco en el programa de las fiestas de 2006
"¡Basta Señor, basta! ¡Que me vas a matar de tanta alegría!"
Estimados feligreses:
Los santos son relicarios donde podemos admirar lo que Dios hace con un alma que se abandona en sus manos, y al mismo tiempo la belleza que el hombre puede conseguir cooperando a la gracia. Pero los santos, como las estrellas, se diferencian en magnitud y claridad. ¿Qué hechos de la vida de San Felipe Neri nos podrían hacer reflexionar este año? ¿Cuál era el origen de su alegría que contagiaba a todos los que le oían
Las fiestas de San Felipe en el Barrio de la Vera , en nuestra parroquia de San José, ya están de nuevo entre nosotros. Más de una vez nos hemos preguntado por qué su imagen tiene un corazón en llamas en su mano. Su fiesta nos da la oportunidad de conocerlo. El Papa Benedicto XVI en su reciente Encíclica “Dios es caridad” nos dice: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona…. En su Evangelio, Juan había expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: « Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna » (cf. 3, 16).
Claro tenía el santo el amor de Dios al mundo, pero ¿Cómo podía corresponder a ese amor tan grande de Dios? Continúa el Papa: “ La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido lo que era el núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva profundidad y amplitud. En efecto, el israelita creyente reza cada día con las palabras del Libro del Deuteronomio que, como bien sabe, compendian el núcleo de su existencia: « Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas » (6, 4-5)”.
Pues bien lo que más pedía Felipe al cielo era que se le concediera un gran amor hacia Dios. Y la vigilia de la fiesta de Pentecostés, estando aquella noche rezando con gran fe, pidiendo a Dios el poder amarlo con todo su corazón, éste se creció y se le saltaron dos costillas. Felipe entusiasmado y casi muerto de la emoción exclamaba: "¡Basta Señor, basta! ¡Que me vas a matar de tanta alegría!" . En adelante nuestro santo experimentaba tan grandes accesos de amor a Dios que todo su cuerpo de estremecía, y en pleno invierno tenía que abrir su camisa y descubrirse el pecho para mitigar un poco el fuego de amor que sentía hacia Nuestro Señor. Cuando lo fueron a enterrar notaron que tenía dos costillas saltadas y que estas se habían arqueado para darle puesto a su corazón que se había ensanchado notablemente.
Que todos los que celebramos las fiestas de 2006 a ejemplos de San Felipe podamos responder al amor de Dios con nuestro amor hacia Él y hacia los demás.
El Párroco
Sebastián García Martín
Palabras del párroco en el programa de las fiestas de 2005
Estimados feligreses:
La Iglesia, al venerar a los Santos, nos ofrece el ejemplo de sus vidas como estímulo para caminar sin desmayo hasta la gloria. Este año de 2005 la fiesta de San Felipe Neri cae en el marco del Año de la Eucaristía dándonos pie para destacar el aspecto eucarístico del Santo.
Cuentan de su vida que San Felipe Neri amaba tanto la Eucaristía, que aún cuando estuvo gravemente enfermo recibía la Sagrada Comunión a diario, y si no le traían a Jesús muy temprano en la mañana, se trastornaba mucho y no encontraba reposo de ningún modo. "Mi deseo de recibir a Jesús es tanto – exclamaba - que no puedo encontrar paz mientras espero." Introdujo en Italia la devoción de las cuarenta horas (adoración eucarística) .
Para ayudar en el crecimiento espiritual, organizaba conversaciones espirituales en las que se oraba y se leían las vidas de los santos y misioneros y terminaban con una visita al Santísimo Sacramento en alguna iglesia o con la asistencia a las vísperas.
Podemos afirmar que San Felipe Neri vivió para y por la Eucaristía. Y es que recibir a Jesucristo en la comunión da como fruto principal la unión íntima con El, de modo que se cumple la promesa del Señor: “Quien come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él”. La vida en Cristo encuentra su fundamento en el banquete eucarístico, porque lo que el alimento material produce en nuestra vida corporal, la comunión lo realiza en nuestra vida espiritual. Ella conserva, acrecienta y renueva la vida de la gracia recibida en el Bautismo. Fortalece nuestros pasos en el peregrinar de la vida y en el seguimiento de Jesús. Estimuló la vocación de nuestro santo, haciendo posible la experiencia que tuvo San Pablo: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”.
Que el fruto de estas fiestas sea un amor profundo a la Eucaristía y a la comunión del Cuerpo de Cristo porque los que lo reciben se unen más estrechamente a Cristo y entre sí. La comunión renueva, fortifica y profundiza la incorporación a la Iglesia realizada ya por el Bautismo. La Eucaristía essigno de unidad y vínculo de caridad, es el sacramento que de una manera privilegiada construye a la Iglesia que es signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano.
Párroco
Sebastián García Martín |